En la ciudad de Reus, cerca de Barcelona nació Jaume Blanc. Su hermano Dídac (hoy en día su socio y compañero de aventuras) llevó los primeros vinilos de Rock español a casa para escucharlos juntos. Y así, con Leño, Alarma, Tequila, Barón Rojo y Barricada, ese niño de 8 años empezó en el Rock and Roll. Mensualmente compraban el disco que venía con la revista DiscoPlay que retrataba el Boom del rock español, ese rock que nació después de Miguel Ríos, cuando algunos argentinos huyendo de la dictadura llegaron a inspirar los músicos del país ibérico a hacer sus propias canciones. Jaume pasó por varias agrupaciones, una carrera más o menos exitosa que duró veinte años, pero que siempre se mantuvo en el underground. Agotado y desilusionado del negocio musical, decidió tomarse una pausa de los grupos. Se retiró, pero aún tenía algunas canciones compuestas y maquetas preparadas. El sello Kasba Music las escuchó y lo invitó a grabar e iniciar su carrera musical con el trabajo ‘Sólo por necesidad’. En ese momento, no había proyecto musical. El tiraje de mil copias del disco necesitaba un nombre para su autor, y Jaume no se sentía cómodo poniendo simplemente su nombre. Así, decidió llamarse ‘El  Toubab‘, un término del dialecto de Senegal que traduce ‘Hombre Blanco‘. Jaume, ahora Toubab, eligió este nombre porque, primero, su apellido es Blanc, y segundo, es un amante de Senegal, uno de los lugares en los que ha dejado un pedazo del corazón, tal vez el más grande.

Para componer, El Toubab se inspira en sus viajes y vivencias. Sus canciones son muy directas, porque las hace en el camino. Trata de no arreglarlas mucho para que suenen frescas, auténticas, sin mayor trabajo de producción y sobre todo, con mucha alma. Graba tan rápido como puede para que suenen a presente, a esencia antes que a arreglo. Es rock and roll que vuelve al origen, a la carretera con una guitarra y muchos coj… mucha valentía. Se inspira en Woody Guthrie, padre del Folk estadounidense, e inspiración de Bob Dylan. Guthrie cantaba durante los tiempos de la depresión mientras viajaba del sur al norte. Tocaba en las protestas, frente a las fábricas… en la calle. Por eso, para crear sus canciones viaja y recorre el mundo, un viaje que lo ha llevado a Senegal, Honduras, Marruecos, Irlanda, Alemania, Inglaterra, Portugal, Francia, Bélgica, Dinamarca, Suiza, Hungría, Finlandia, Turquía, Cuba, Canadá, Perú, Ecuador, Colombia y recientemente a la Argentina, pero no a los grandes escenarios, sino a cafés, bares, metros y la calle. Sus viajes no fueron premeditados. Un proyecto nuevo sin mayor público necesitaba tomar vuelo y vio que en Berlín y Los Ángeles se puede vivir bien de la música independiente. Así, se fue a esa ciudad y tocó en las calles para financiar la grabación de su siguiente disco vendiendo las copias de ‘Sólo por necesidad’.

 

Al regresar a España, su aventura inspiró el Rude Rock Train, una salvaje gira recorriendo Europa en tren sin dinero junto a Juantxo Skalari  de Skalariak, tiempo en el que compuso ‘Viaje Sin Retorno’. El nombre ‘Viaje sin retorno’ se inspira en una puerta que hay en la casa de Los Esclavos, en la Isla de Gorée, frente a Dakar, durante el vergonzoso momento de la historia en el que varias potencias europeas secuestraron miles de africanos para llevarlos, cruzando por esa puerta, hacia la esclavitud en América. El nombre del trabajo es una metáfora, el viaje de la música del que El Toubab ya no va a regresar, el paso rumbo a lo desconocido.

 

En Berlín conoció mucha gente, incluyendo músicos de Canadá. Inspirado por sus nuevos amigos, se fue a ese país por nuevas experiencias, a conocer personas y situaciones que lo ayudaran a encontrar canciones. Durante su viaje a Canadá, Jaume estaba tocando en el metro y llegaron tres músicos con un contrabajo, cajón y banjo, y espontáneamente se pusieron a interpretar ‘Lágrimas negras’, una canción popular cubana. Y esa experiencia fue el germen de ‘Sonido de Monedas’, disco para el que invitó al estudio a músicos migrantes de Colombia, Ecuador y con productor Cubano para que sin conocerse y sin conocer sus canciones, hicieran un experimento similar a lo que pasó en el metro. Llegaron sin ideas preconcebidas a grabar las canciones que entre todos construían.

 

Hablar con los músicos sobre sus patrias, costumbres y músicas le hizo sentir ganas de conocer Colombia, Ecuador y Perú. Llegó a Lima a tocar en cárceles, porque es en ese país donde hay más presos españoles en una nación extranjera, donde muchos presos que nunca han consumido cocaína se vuelven adictos. Sus aventuras recorriendo la carretera Panamericana en bus junto a su hermano Dídac entre Lima y Bogotá, lo llevaron a crear las canciones de su siguiente disco: Vivir la vida

Pero antes de publicar ese álbum nacido en América, se publicaron dos sencillos. El primero fue ‘La Travesía’, un tema sobre la migración que nace de sus travesías por América Latina, Canadá, África y Europa, y de cómo se relacionan con las travesías de los migrantes del sur global. La canción fue producida por Birame Mbengue e interpretada por músicos migrantes de Ucrania, Senegal y Francia, entre ellos, Gambeat, bajista de Manu Chao y la colaboración del músico senegalés, Rawan Diallo. También participó Mamadou Dia, migrante senegalés autor del libro “3052” en el que relató su viaje de Senegal a España en cayuco. El activista aportó su voz y versos en la producción. Parte de la recaudación del sencillo se donó a la asociación Hahatay.

El otro sencillo, iniciando una nueva etapa con la disquera Rock Estatal Records fue ‘Horas Lentas’. En él, se preguntó por su presente, sus viajes, y fue una pausa necesaria para poder seguir viajando. La canción es un homenaje a Números Rojos, una de las bandas que lo llevó a dedicarse a la música. En ella, pudo contar con la participación de Teo Díaz, guitarrista de Números Rojos, y de su hijo Andoni. Y además pudo invitar a Ramiro Penas, de Leño, a Balta Hurtado de La Desbandada, a Xavi Barrero y Oskar Hueskar de Bongo Botrako, y a Gustavo Cruz y Andrea Martínez, con lo que El Toubab logró hacer un homenaje al rock tarragonés invitando a tocar a tres generaciones de músicos. 

Y ya en 2018 nace ‘Vivir la vida’, un álbum que habla de Latinoamérica, de las cárceles de Lima, de las calles de Bogotá, pero también de Madrid, y además, incorpora un elemento clave: los vientos. Mientras en los sonidos del rock latinoamericano son sonoridades más bien comunes, son poco típicos en el rock español, y representan el aporte del sonido de américa del sur al nuevo disco de El Toubab. La publicación de este álbum lo llevó al país del tango, la Argentina, dónde volvió a tocar en cárceles, comedores comunitarios, subte y bares. Y de dónde regresó fascinado por la pasión con la que se vive el rock y una libreta con apuntes para trabajar en futuras canciones.

Pero un disco tan festivo como ‘Vivir la vida’ tenía que compartirse, por eso, en 2019 invitó a varios músicos a compartir los micrófonos en ‘Vivir la vida con la Bohemia’, la materialización de una travesía por las calles, carreteras, escuelas, penales y cantinas de Latinoamérica que El Toubab recorre junto a diez artistas como Juantxo Skalari, Sergio Velandia (En Vela), Fernando Madina (Reincidentes), Jaime Asúa, Xavi Ciurans (Gertrudis), José Arbulú (Cementerio Club), María Camargo (Real de Catorce), Mai Medina (Ciclonautas), Kutxi Romero (Marea) o Aurora Beltrán.

No es sencillamente una nueva versión, sino que se realiza la remezcla de cada canción para alcanzar una nueva sonoridad. Un ejercicio de Melómanos, donde se invita a un cantante a reinterpretar y aportar a la obra, mucho más que simplemente cantarla.

 

Mauricio Moreno, Bogotá 2019